En un experimento que hizo una marca de cereales en EEUU, se preguntó a tres generaciones qué era lo que les divertía durante su infancia. Los abuelos contestaron "recoger arándanos o cultivar sandías"; los padres respondieron "jugar al escondite con sus amigos", y los niños dijeron "jugar con mi videojuegos", "usar su teléfono móvil o escribir mensajes por 3 o 4 horas". Algunos también expresaron, "Me moriría sin mi tablet". Te invitamos a ver el video y reflexionar sobre ello...

A lo largo de mi experiencia con niños, siendo madre y también trabajando con ellos, una y otra vez compruebo cuánto los afectan las actitudes de los adultos. Y compruebo también que, cuando estas cambian, impactan directamente en el niño haciendo un efecto medicinal para los procesos físicos, anímicos y espirituales que pueden estar atravesando. Por eso, con esta primera entrega intento marcar un primer paso hacia un camino: que nuestras actitudes sirvan de medicina para las problemáticas de los niños de hoy...

Cuando se espera de los niños que sean más que niños, que tengan cierto rendimiento escolar o actitudes sociales, que sean un ejemplo; niños que admiremos nosotros y los otros. Un niño que no moleste lo que hago ni intente cambiarme, que rápido se adapte a lo que ofrezco porque no tengo tiempo de buscar otras opciones, ni tampoco las conozco, o porque creo que lo que hago está bien. No quiero problemas, y si los hay, quiero soluciones rápidas, donde el que cambie sea el otro y yo solo sea el que monitoree las transformaciones...

Hemos perdido la autoridad porque tenemos miedo a que nuestros hijos sufran, a coartarles la libertad, a equivocarnos, a ser autoritarios, a repetir modelos recibidos en la infancia, ¿miedo a ser padres? ¿miedo a ser adultos?

Solo viéndome en el otro completo la mirada de mí mismo. No puedo verme la espalda, ni siquiera el propio rostro, para esto preciso de algo que me refleje. Muchas veces, el otro hace de mi espejo perfecto, pues me muestra aquello que no puedo o quiero ver. Si queremos conocer aquellas facetas que están en nuestro interior, y operan silenciosamente en nuestros actos, entonces habrá que percibir cómo está mi alrededor. Si eres padre, por ejemplo, en la relación con tu hijo, en su carácter, sus cualidades, aquellas que amas y admiras, y aquellas que intentas cambiar y que, incluso, te avergüenzan, en todo estás reflejado...

Página 1 de 4