Hemos perdido la autoridad porque tenemos miedo a que nuestros hijos sufran, a coartarles la libertad, a equivocarnos, a ser autoritarios, a repetir modelos recibidos en la infancia, ¿miedo a ser padres? ¿miedo a ser adultos?

Solo viéndome en el otro completo la mirada de mí mismo. No puedo verme la espalda, ni siquiera el propio rostro, para esto preciso de algo que me refleje. Muchas veces, el otro hace de mi espejo perfecto, pues me muestra aquello que no puedo o quiero ver. Si queremos conocer aquellas facetas que están en nuestro interior, y operan silenciosamente en nuestros actos, entonces habrá que percibir cómo está mi alrededor. Si eres padre, por ejemplo, en la relación con tu hijo, en su carácter, sus cualidades, aquellas que amas y admiras, y aquellas que intentas cambiar y que, incluso, te avergüenzan, en todo estás reflejado...

Todos queremos que nuestros hijos, alumnos, pacientes puedan tener una autoestima alta; y para que esto suceda, escuchamos que se deben valorar y apreciar sus logros, darles incentivo, palabras de aliento, apoyo, seguridad. Sin embargo, si queremos generar una real fortaleza interior, deberíamos ir un poco más profundo. Estaremos de acuerdo que los niños desde muy pequeña edad, muestran pura iniciativa, deseo de conocer, aprender, superarse. Simplemente ¡no paran! Van de acá para allá incansablemente, probando y probándose; conociendo y conociéndose mediante la experiencia...

Imaginemos una situación, estamos apurados y el niño no quiere vestirse; otra, es de noche, ya bastante tarde, y él no quiere cepillarse los dientes e ir a la cama; otra, pedimos al niño, una y otra vez, que no juegue con la pelota dentro de la casa, ya que puede romper algo; pero no escucha, y como resultado, la pelota cae a la mesa rompiendo todo lo que había sobre ella. ¿Cómo respondemos?

Recuerdo, cuando era pequeña, encontrar sorpresivamente llorando a mi madre; rápidamente ella se secaba las lágrimas para que no la descubriera. Recuerdo que no le preguntaba nada, y simulaba con ella no haberla visto. Sin embargo, deseaba profundamente saber lo que le ocurría. El misterio crecía… La observaba a veces sin que ella lo notara, y trataba de descifrar los sentimientos que se guardaba. Anhelaba conocerlos, me dolía no saberlos...

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