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Recupera tu autoridad. Las batallas que pierdes enfrentado a los niños

Hijos que “no hacen caso”; grupos de niños indomables, conflictos que superan, que agobian, que quisieras evitar pero que debes enfrentar… Te cansas de perder, de ceder, de sentir que haces todo mal…
La tarea de ser un educador se hace difícil, compleja, insostenible. Sientes que entras en guerras interminables, que dejan debilitada tu figura de autoridad, y la autoestima de cualquier persona que se enfrente a estos pequeños guerreros.

Si propones una batalla, asegúrate de tener la fortaleza para enfrentarla

“Termina de hacer tal cosa, antes de salir.”, “¡no vuelvas después de las x hs.!”, “¡no te pongas esta ropa!”, “si no traen esto terminado, no podrán…”, “¡qué sea la última vez que hacen esto!”.

Lanzamos hacia adelante órdenes, frecuentemente sin tener la convicción, el coraje, ni menos, la fuerza, para sostenerlas hasta que se lleven a cabo.
Ordenamos para decir “aquí estoy” o porque sentimos que “debemos hacerlo”, pero no estamos decididos a mantenernos firmes ante la posible o eminente oposición del niño.
Entramos en una batalla débiles, dubitativos e inseguros; y… hay que decirlo, aunque ya lo sabes… la victoria no será tuya.

Te describo el desenlace: El niño se niega a obedecer; tú insistes, agotado, pero intentado mantenerte firme. El niño, al notar esa pequeñísima debilidad, y por ende, posibilidad de no hacer lo que se le pide, vuelve a oponerse.
El cansancio crece, se hace insostenible... Vuelves a reforzar tu decisión, esta vez con menos coraje, y ya casi seguro de que debes retirarte, frustrado ante otra batalla perdida.
Obviamente, el niño percibiendo su victoria, vuelve a enfrentarte, negándose por completo a hacer lo que dices.
Fin! Perdimos…Nos retiramos frustrados, agotados emocionalmente; sintiéndonos pésimos padres o figuras de autoridad. Una vez más, perdimos las riendas…

¿Qué hicimos mal?

Lo fundamental: antes de presentarte con una decisión tomada, no te has preguntado si tenías la fortaleza para sostenerla hasta que se lleve a cabo.
Si vas a hacer o decir, será necesario que antes lleves a tu consciencia que necesitarás mantenerte firme, así el niño se niegue de la forma que sea.

En vez de decir impulsivamente, lo haces premeditadamente. Busca tu eje, calma tus emociones, empoderate en tu rol, percibe el amor que sientes por este pequeño, todo esto será la base que te sostendrá y mantendrá estable ante cualquier posibilidad de reacción.

Varias cosas pueden suceder como respuesta:
Una, que es la más probable, es que el niño note tu firme convicción, y ni se le ocurra la posibilidad de negarse. Simplemente accederá, de buena o mala gana, pero hará lo que se le pide.
Dos, es que se niegue, pero, si se encuentra con personas emocionalmente preparadas para sostener la indicación, sin dar lugar a la duda, simplemente lo terminará haciendo.

Si te mantienes como figura de autoridad pacífica, pero decidida y firme, no habrá guerra, menos aún, batallas. Puede haber una cierta tensión, a modo de prueba, para ver hasta dónde se puede; pero si el límite está bien marcado, no habrá espacio para que las batallas se desencadenen.

Ahora, ¿qué sucede si sientes que no vas a poder sostener una discusión, un límite o una orden? Entonces no lo digas, no lo pidas, no lo dictamines. Simplemente, terminarás cediendo, y esto a fin de cuentas es peor para ti y para el niño.
Es preferible retirarse antes y descansar, que terminar más agotado sin haber logrado nada nuevo.
Eso que quieres que se haga, puede ser hecho otro día, cuando puedas presentarte como verdadero referente de la situación.

Pero cuidado, no caigas en la tentación de dejar pasarlo todo, por no enfrentar las situaciones. Si haces esto, las dificultades crecerán y llegarán a ti cada vez más.
Solo tomate unas horas, un día o dos para reafirmarte, para hacerte consciente de la dinámica, para pensar la mejor manera, para recuperar estabilidad emocional o lo que se necesite, pero luego hazte responsable de tu rol.

Nadie quiere exponerse a batallas, menos aun con los seres que más amamos, pero a menudo los niños necesitan dicho enfrentamiento para conocer su propio límite… y el tuyo. Es por eso que eres tu quien debe presentarse pacífica pero firmemente, e indicarle: “es hasta aquí”.
Y si… puede no ser fácil, nadie dijo que lo sería, pero es un lindo reto el conocerse, el encontrar la manera, y finalmente disfrutar de los logros y de la armonía generada gracias a ellos.

Autora: Nancy Erica Ortiz
BioEducadora

Facilitadora del:
Curso a Distancia "Los Niños de Hoy": Consultar por fechas
Curso a Distancia: “El Niño como Síntoma de conflictos en la familia o escuela”: Consultar por fechas

 

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