Todos queremos que nuestros hijos, alumnos, pacientes puedan tener una autoestima alta; y para que esto suceda, escuchamos que se deben valorar y apreciar sus logros, darles incentivo, palabras de aliento, apoyo, seguridad. Sin embargo, si queremos generar una real fortaleza interior, deberíamos ir un poco más profundo. Estaremos de acuerdo que los niños desde muy pequeña edad, muestran pura iniciativa, deseo de conocer, aprender, superarse. Simplemente ¡no paran! Van de acá para allá incansablemente, probando y probándose; conociendo y conociéndose mediante la experiencia...

Imaginemos una situación, estamos apurados y el niño no quiere vestirse; otra, es de noche, ya bastante tarde, y él no quiere cepillarse los dientes e ir a la cama; otra, pedimos al niño, una y otra vez, que no juegue con la pelota dentro de la casa, ya que puede romper algo; pero no escucha, y como resultado, la pelota cae a la mesa rompiendo todo lo que había sobre ella. ¿Cómo respondemos?

Recuerdo, cuando era pequeña, encontrar sorpresivamente llorando a mi madre; rápidamente ella se secaba las lágrimas para que no la descubriera. Recuerdo que no le preguntaba nada, y simulaba con ella no haberla visto. Sin embargo, deseaba profundamente saber lo que le ocurría. El misterio crecía… La observaba a veces sin que ella lo notara, y trataba de descifrar los sentimientos que se guardaba. Anhelaba conocerlos, me dolía no saberlos...

Parece que se llevan el mundo por delante, tienen contestaciones que superan a su edad; resuelven y deciden, te dicen lo que quieren, incluso, lo exigen con argumentos que no puedes creer que hayan elaborado por su corta experiencia. Les cuesta escuchar una voz de autoridad, ceder, esperar. Se quieren vestir de otro modo y hacer cosas de más grandes. Padres y profesionales se sorprenden de estas cualidades, incluso, algunosse muestran enorgullecidos por ellas “¡qué maduro que es!” “¿de dónde saco tal contestación?, parece de otra edad.”...

Cuando estamos atravesando un momento difícil con los niños, lo primero que solemos hacer es resistirnos, haciendo gran esfuerzo por cambiarlo.
No nos entregamos, luchamos, nos enojamos, nos sentimos angustiados, perdidos, culpables, victimas.
Enfrentamos los conflictos y dificultades con la ansiedad y urgencia  de sacarnos de encima el problema.…